La segunda
superpotencia levanta su bella cabeza[1]
Berkman
Center for Internet & Society
Lunes, 31 de marzo de
2003
A medida que el gobierno de Estados Unidos
utiliza su poder en el mundo de manera cada vez más beligerante, muchas personas anhelan una “segunda
superpotencia” que pueda mantener a los EE.UU. en control. Verdaderamente, mucha
gente anhela una superpotencia que responda a los intereses de la sociedad
planetaria, enfocándose en el bienestar a largo plazo, y eso alienta una masiva
participación en el proceso democrático. ¿Dónde puede encontrar el mundo una
segunda superpotencia con esas características? Ninguna nación ni grupo de
naciones parece capaz de jugar este papel, aunque la Unión Europea busque a
veces trabajar en acuerdo con una variedad de instituciones en el campo del
derecho internacional, inclusive las Naciones Unidas. Pero aún todas las
naciones europeas juntas apenas igualan el poder actual de los Estados Unidos.
Hay una segunda superpotencia naciente, pero
no es una nación. En su lugar, es una forma nueva de actor internacional,
constituido por la “voluntad popular” en un movimiento social global. La cara
hermosa pero profundamente agitada de esta segunda superpotencia es la campaña
mundial por la paz, pero el cuerpo del movimiento está compuesto por millones de
gente preocupada por una agenda más amplia que incluye el desarrollo social, el
medio ambiente, la salud, y los derechos humanos. Este movimiento tiene un
cuerpo sorprendentemente ágil y muscular de activistas ciudadanos que
identifican sus intereses con la sociedad mundial como un todo—y que reconoce
que en un nivel fundamental, todos somos uno. Estas son gente que procura tener
en cuenta las necesidades y los sueños de los 6.3 mil millones de personas del
mundo—y no sólo los miembros de una u otra nación. Considérese por ejemplo a los
miembros de la Amnistía Internacional que escriben cartas a favor de presos de
conciencia, al millón de estadounidenses que están tomando parte en las acciones
a través del correo electrónico contra la guerra en Irak, o a los médicos que
contribuyen su tiempo a Médicos Sin Fronteras.
Mientras algunos de los líderes han llegado
a ser sumamente visibles, lo que es quizás más interesante acerca de este
movimiento global es que no es dirigido realmente por líderes visibles, pero,
como veremos, por la acción colectiva y emergente de su millón de participantes.
Las encuestas sugieren que por lo menos 30 millones de personas en los EE.UU. se
identifican a sí mismos en este colectivo—aproximadamente 10% de la población
estadounidense. El porcentaje en Europa es indudablemente más alto. La membresía
global en Asia, Sudamérica, África e India, aunque mucho más baja como
porcentaje de la población total, crece rápidamente con la extensión del
Internet. Lo que hace estos números importantes es la nueva interconexión a
través del ciberespacio entre los miembros. Este cuerpo tiene una mente hermosa.
Las conexiones en la web facilitan casi instantáneas e improvisadas iniciativas
de activistas. Por ejemplo, el grupo político activista Moveon.org, que se
especializa en campañas rápidas de respuesta, tiene una lista de correo
electrónico de más de dos millones de miembros. Durante las elecciones del 2002,
Moveon.org recolectó más de $ 700,000 en unos pocos días para la campaña de un
candidato para el senado norteamericano. Ha recolectado miles de dólares para anuncios en los
medios a favor de la paz—y ahora aglutina una red mundial de activistas de
medios dedicados a mantener los medios de comunicación honestos identificando
sesgos y confrontando a locutores locales.
Nuevas formas de comunicación y comentario
se inventan continuamente. Slashdot y otros sitios de noticias presentan
comentarios revisados de alta calidad involucrando a un gran número de miembros
de la comunidad web en recomendar y calificar artículos. Los mensajes de texto en teléfonos
celulares, son ahora el medio elegido para comunicarse simultáneamente entre sí
por miles de activistas durante las protestas masivas. Los mensajes instantáneos
resultan ser uno de los métodos más populares para permanecer conectados en el
mundo en desarrollo, porque requieren sólo una pequeña anchura de banda, y
proporcionan un sentido íntimo de conexión a través del tiempo y espacio. El
entusiasmo actual por las web personales[2],
cambian la manera en que la gente se relaciona con las publicaciones, al
permitir el diálogo en tiempo real acerca de los acontecimientos de mundo, de
modo que los usuarios de las mismas comparten diariamente sus puntos de vista y
reflexiones. La comunicación entre los sitios de web personales corre a través
de miles de usuarios, quienes identifican “links” populares, dando cuenta de
temas emergentes, y proporcionando un resumen instantáneo del conocimiento
global de la segunda superpotencia.
El Internet y otros medios interactivos
continúan penetrando cada vez más profundamente la sociedad mundial, y
proporcionan medios para el diálogo y comunicación personales instantáneos a
través del globo. El poder colectivo de los mensajes de texto, de las web
personales, de los mensajes instantáneos, y de correo electrónico a través de
millón de actores no se puede sobre estimar. Como una mente constituida por un
millón de neuronas interconectadas, el movimiento social es capaz de desarrollar
de una manera asombrosamente rápida y a veces sutil el conocimiento y la acción
comunitaria.
Así la nueva superpotencia demuestra una
forma nueva de “democracia emergente” que difiere de la democracia participativa
del gobierno estadounidense. Mientras la participación política en los Estados
Unidos se ejercita principalmente a través de situaciones poco frecuentes de
voto, la participación en el movimiento de la segunda superpotencia ocurre
continuamente por participación en una variedad de iniciativas facilitadas por
la web. Y mientras la deliberación en la primera superpotencia es hecha
principalmente por unos pocos oficiales elegidos o designados, la deliberación
en la segunda superpotencia es hecha por cada individuo—tomando en cuenta los
acontecimientos, comunicándose con otros, y decidiendo si y cómo unirse en
acciones comunitarias. Finalmente, mientras la participación en democracia en la
primera superpotencia se siente lejana a la mayoría de ciudadanos, la democracia
emergente de la segunda superpotencia está viva al tocar y ser tocada por unos y
otros, a medida que la comunidad trabaja para crear sabiduría y emprender
acciones.
¿Cómo toma medidas la segunda superpotencia?
No desde arriba, sino de abajo. Es decir, la fuerza del gobierno estadounidense
es que puede recabar centralmente los impuestos, y entonces gastar, por ejemplo,
$1.2 mil millones en 1,200 misiles en el primer día de la guerra contra Irak.
Por contraste, la fuerza de la segunda superpotencia es que puede movilizar
centenares de grupos pequeños de activistas para cerrar los centros de las
ciudades a través de los Estados Unidos el mismo primer día de la guerra. Y que
millones de ciudadanos en el mundo tomen sus calles para marchar. El símbolo de
la primera superpotencia es el águila—un animal de rapiña impresionante que
gobierna desde los cielos, lista para atacar a ratones y animales pequeños.
Quizás el mejor símbolo para la segunda superpotencia sería una comunidad de
hormigas. Las hormigas gobiernan desde debajo. Y mientras me puedo atemorizar al
ver águilas en vuelo, cuándo las hormigas invaden mi cocina ellas capturan mi
atención.
En el mismo sentido que las hormigas, la
acción organizada y continua de los miembros de la segunda superpotencia puede,
creo yo, tener expectativas de prevalecer eventualmente. La conducta organizada
de las masas, expresada en reunirse, votar, formar piquetes, exponer la
corrupción, y hacer compras de compañías específicas, tiene un efecto profundo
en la naturaleza de la sociedad futura. Más efecto, yo diría, que el devastador
pero insostenible efecto de las bombas y otras formas de la coerción.
La deliberación en la primera superpotencia
es relativamente formal—dictada por la Constitución de Estados Unidos y por años
de la legislación, de adjudicación y de precedentes. La “realpolitik” de toma de
decisiones en la primera superpotencia—en comparación con lo que se enseña en
las clases de educación cívica—se concentra alrededor del “lobby” y en campañas
de contribuciones hacia intereses especiales vinculados al dinero—el petróleo,
el complejo de industrias de guerra, la gran agricultura y la gran industria
farmacéutica—por mencionar sólo unos pocos. En muchos casos, los temas en los
que se toman decisiones son los asuntos para los cuales algún grupo está
dispuesto a gastar sin límites. Por contraste, es difícil en el sistema de
gobierno estadounidense, conseguir triunfos en metas de políticas que tienen
gran valor a largo plazo para muchos ciudadanos, tales como el ambiente, la
reducción de la pobreza y el desarrollo del tercer mundo, los derechos
de las mujeres, los derechos humanos, la asistencia médica para todos. Por
contraste, éstos son precisamente los asuntos a los que la segunda superpotencia
tiende a dirigir su atención.
La deliberación en la segunda superpotencia
evoluciona rápidamente tanto a nivel cultural como tecnológico. Es difícil saber
su estado presente, e imposible ver su futuro. Pero uno puede decir ciertas
cosas. Aturde cuán rápidamente la comunidad puede actuar—especialmente cuando se
compara la los sistemas de gobierno. El Internet, en combinación con medios
tradicionales de prensa, televisión y radio, crea un cierto “espacio de medios”
de diálogo global. Las ideas surgen en el espacio global de medios. Algunas de
ellas cogen asidero y se difunden extensamente. Su diseminación, como el ritmo
de la música del baile que se esparce a través de un mar de bailarines, se
convierte en un patrón de ritmo a través de la comunidad. Algunos miembros de la
comunidad estudian estos patrones, y escriben acerca de algunos de ellos. Esto
tiene el efecto doble de ampliar los patrones y al mismo tiempo facilitar la
reflexión en la comunidad en los temas subrayados. Una forma nueva de
deliberación acontece. Una variedad de lo que podríamos llamar “agentes de
acción” se sienta figuradamente a horcajadas de la comunidad, con mecanismos
diseñados para orientar un movimiento social dado en formas específicas de
acción en el mundo. Por ejemplo, quienes recogen fondos envían mensajes masivos
a través del correo directo o el Internet, y si se refieren a un asunto candente
en el interés de la gente, pueden recolectar dinero muy rápidamente. Este dinero
a su turno puede ser usado para sostener
actividades consistentes con una misión emergente.
Este proceso no existe sin desperfectos y
debilidades. Por ejemplo, el papel central de los medios de comunicación—con sus
pretendidas tendencias y deformaciones—es un problema verdadero. Muchas de las
noticias de la guerra vienen a miembros de la segunda superpotencia desde CNN,
Fox, y el New York Times, a pesar
de la disponibilidad de fuentes alternativas. El estudio de la naturaleza y
límites de esta mente gigante comienza apenas, y no sabemos sus fuerzas y
debilidades, al menos no tanto como
sabemos de las mismas en las formas más tradicionales de democracia. Quizás el
ejercicio de poder sea una manera equivocada de encuadrar este estudio. Por el
contrario, en lo que estamos embarcados es algo así como neurología
experimental, al mismo tiempo que nuestras herramientas de comunicación
continúan evolucionando y dando vuelta a los procesos por los que la
comunidad desarrolla pensamientos y
sentimientos compartidos. Una de las preguntas más interesantes colocadas a
politólogos que estudian la segunda superpotencia es en qué medida la
orientación a largo plazo y la libertad de intereses especiales de la comunidad
son reforzados por la naturaleza de las comunicaciones entre pares que se da a
través de la web—y si estas tendencias se pueden fomentar intencionalmente a
través del diseño tecnológico.
Todo esto nos lleva al punto más importante:
el papel esencial del individuo. La mente compartida y colectiva de la segunda
superpotencia está compuesta de muchas mentes humanas individuales—tu mente y mi
mente—juntos creamos el movimiento. En la democracia tradicional nuestras mentes
no importan mucho—lo que importa son las mentes de quienes están en posiciones
de poder, y las de aquellos que los emplean y los presionan políticamente. En la
democracia emergente de la segunda superpotencia, cada una de nuestras mentes
importa mucho. Por ejemplo, cualquiera de nosotros puede lanzar una idea.
Cualquiera de nosotros puede escribir una web personal, enviar un correo
electrónico, crear una lista. No todas las ideas se afianzarán en la gran mente
de la segunda superpotencia—pero aquella que eventualmente haga fuego ha sido
comenzada por un individuo. Y en el mundo de pares de la segunda superpotencia,
muchos más de nosotros tienen la oportunidad de elaborar propuestas y
lanzarlas.
El contraste es más profundo. En la
democracia tradicional, la comprensión de las cosas va de arriba a abajo. “El
Presidente debe saber más de lo que dice”
piensa el leal pero pasivo miembro de la primera superpotencia. Pero esta
forma de democracia se estableció en el siglo XVIII, cuándo la educación y la
información eran ambos recursos escasos. Ahora, en cada vez más amplias regiones
del mundo, la gente es bien educada e informada. Como tales, prefieren elaborar
sus propias ideas. La comprensión de arriba abajo está fuera de tono con la
gente moderna.
La segunda superpotencia, naciente en el
siglo XXI, depende de miembros informados y educados. En la comunidad de la
segunda superpotencia cada uno de nosotros somos responsable de nuestra propia
comprensión. Buscamos tanta información—los datos crudos, la experiencia
directa—como podemos, y entonces elaboramos nuestra propia explicación. Aún la
fascinación actual por los “reality shows” habla a este deseo: preferimos mirar
a la gente y decidir nosotros mismos “cuál es el cuento” en lugar de mirar a
actores y actrices desempeñando
papeles escritos por otros. Lo mismo es cada vez más cierto en el nivel
político—de ahí la atracción de las personas por la participación en la segunda
superpotencia.
Quizás la respuesta de muchos lectores será
que esto es una fantasía deseable. ¿Cuál,
dice usted seguramente, es el éxito demostrado por esta segunda
superpotencia? A fin de cuentas, George Bush ha sido capaz casi con una sola
mano de hacer la guerra en Irak, y el movimiento global de protesta ha sido al
final sólo capaz de demorarlo un poco. ¿Dónde estaba la segunda superpotencia?
La respuesta es que la segunda superpotencia
no es actualmente capaz de emparejar a la primera. Por otro lado, la situación
puede ser más promisoria de lo que nosotros nos damos cuenta. Más importante es
que el establecimiento de instituciones y normas internacionales ha creado un
espacio en el que la segunda superpotencia puede unirse con naciones similares
en pensamiento para confrontar exitosamente a los Estados Unidos. Considérese el
esfuerzo internacional para prohibir minas. Las minas son baratas, mortales, y a
menudo son usadas contra grupos de productores agrarios porque hacen que el
trabajo en estos campos sea mortal.
Podemos decir bastante literalmente que las minas de tierra siembran las
semillas del hambre. En los 90s una coalición de ONGs coordinada por Jody
Williams, Bobby Muller y otros lograron poner este asunto a la cabeza del orden
del día internacional, y promover el establecimiento de un tratado que prohíbe
su uso. Por esto, los grupos implicados fueron premiados con el Premio Nóbel de
la Paz 1997. Mientras los Estados Unidos que hasta ahora se rehúsan a firmar el
tratado, se han aislado bastante en el tema y hay todavía esperanza de que algún
congreso y presidente futuros firmen el tratado.
En las reuniones de Kyoto sobre el cambio
global del clima, un grupo de ONGs coordinado por Nancy Keat del Instituto de
Recursos del Mundo se unió con naciones en desarrollo para bloquear los
intereses de los Estados Unidos y su aliado, las petroleras. La única manera en
la que los Estados unidos evitaron ser jaqueados fue abandonar el juego
totalmente. En la Organización Mundial del Comercio, la segunda superpotencia
acalló estruendosamente la reunión de Seattle en 1999, y ayudó luego forzar una
“rueda de desarrollo” especial enfocada en las necesidades de países pobres. Esa
rueda está actualmente en movimiento—y mientras los Estados Unidos y otros buscan subvertir la agenda de la
segunda superpotencia, lo mejor que han logrado a la fecha es llegar a un punto
muerto.
Y finalmente, si bien George Bush fue capaz
de ir a la guerra con Irak, la única manera en que pudo hacerlo fue ignorando el
derecho internacional y alejándose de las Naciones Unidas. Si hubiera
permanecido dentro del sistema de instituciones internacionales, sus objetivos
probablemente se habrían frustrado. Los franceses y alemanes que lideraron la
tentativa de pararlo no lo habrían hecho, creo yo, sin la fuerza de la opinión
pública aguijoneándolos por detrás—la segunda superpotencia en la acción.
Ahora todos sabemos que la administración de
Bush ha decidido socavar, en muchos casos, el sistema de derecho internacional.
Algunos argumentan que al hacer esto, la administración ha dañado fatalmente el
sistema internacional, e iniciado una era nueva donde los Estados Unidos
determinarán las reglas—al estilo eje-periferia—a través de tratados bilaterales
con otras naciones. El resultado, algunos dirán, es que la segunda superpotencia
no tendrá más espacios en los cuales enfrentar a la primera efectivamente. En mi
opinión, esta es una evaluación excesivamente pesimista—aunque debe ser tomada
seriamente en cuenta por los miembros de la segunda superpotencia y esforzarse
en convertirla en falsa por nuestro éxito en el apoyo a las instituciones
internacionales.
El derecho y las instituciones
internacionales no van a desaparecer, muchos las quieren y necesitan. En primer
lugar, las personas alrededor del mundo están cada vez más atentas al mundo, y
están más interesadas en las instituciones internacionales. Los medios globales,
los viajes, y la inmigración internacional contribuyen a una ciudadanía atenta a
los beneficios de enfoques consistentes a todo, desde el control de pasaportes a
los derechos humanos. Es notorio, por ejemplo, que hasta que los días finales
antes de la guerra, una mayoría de la población estadounidense quería que el
presidente tratara con Irak en el marco de la Naciones Unidas. En segundo lugar,
las empresas quieren leyes de orden mundial. El comercio global es ahora central
a una gran mayoría de negocios y casi todas las naciones—y tal comercio requiere
de reglas administradas por cuerpos multilaterales. En tercer lugar, la mayoría
de naciones quiere un sistema legal
global. En particular, las naciones europeas, cautelosas de la guerra, con gran
experiencia en confrontaciones de poder uno-a-uno con los Estados Unidos, están
fuertemente comprometidas a un mundo post-nacional. Ellas invierten recursos
nacionales colectivos de gran magnitud
en fortalecer continuamente el sistema internacional.
El problema clave que enfrentan las
instituciones internacionales es que tienen pocas maneras de imponer su voluntad
al gobierno recalcitrante de los Estados Unidos. Y allí es donde la segunda
superpotencia es parte de la solución. La coerción tiene muchas dimensiones.
Cuándo los Estados Unidos optan por evitar o socavar las instituciones
internacionales, la segunda superpotencia puede acosarlos y avergonzarlos con
manifestaciones y campañas de educación pública. La segunda superpotencia puede
presionar a políticos alrededor del mundo para endurecer su decisión de
confrontar al gobierno de Estados Unidos de cualquier manera posible. Y la
segunda superpotencia puede también identificar políticos estadounidenses y
trabajar por debilitar en los sondeos a aquellos que apoyan los recortes de las
leyes internacionales de la administración Bush.
A largo plazo, debemos presionar por tener
una voz directa de la segunda superpotencia en las instituciones
internacionales, para no ser siempre forzados a trabajar a través de las
naciones. Esto significa, como cuestión práctica, una voz para las
organizaciones de ciudadanos, “la sociedad civil” y las ONGs. Por ejemplo, la
Iniciativa de Acceso del Instituto de Recursos del Mundo trabaja para dar a los
grupos de ciudadanos la habilidad de influir en decisiones sobre el medio
ambiente hechas por organizaciones internacionales como el Banco Mundial. La Fuerza
Operativa para la Oportunidad
Digital del grupo G8 de naciones incluyó un papel formal para organizaciones de
la sociedad civil, así como la Fuerza Operativa de las Naciones Unidas para la
Información y la Tecnología de
Comunicaciones.
En general ¿qué se puede decir de las
perspectivas de la segunda superpotencia? Con su mente ampliada por el tejido de
conexiones en el Internet y por el derecho internacional como un espacio para
trabajar con otros por la acción progresiva, la segunda superpotencia comienza a
demostrar su potencial. Pero hay mucho en hacer. ¿Cómo nos aseguramos continuar
ganando fuerza? Pero tan importante como lo primero, ¿cómo continuamos
desarrollando la mente de la segunda superpotencia, para que maximice su
sabiduría y buena voluntad? El futuro, como se dice, está en nuestras manos.
Necesitamos unirnos para ayudar a que la segunda superpotencia sea más
fuerte.
Primero, necesitamos ser consciente de los
“procesos mentales” en los que estamos implicados como miembros de la segunda
superpotencia, y explorar cómo hacer nuestra comprensión individual y acción
colectiva cada vez más efectiva. Esto por supuesto significa desafiar y mejorar
los medios de comunicación, y dar soporte a alternativas más interactivas y
menos influenciadas. Pero más ambiciosamente, necesitaremos desarrollar una
cierta meta-disciplina, una psicología organizacional de nuestra comunidad, para
explorar la naturaleza de nuestros procesos de comunicación y manejo de la red,
centrados en las personas, y continuar mejorándolos.
Segundo, e irónicamente, el futuro de la
segunda superpotencia depende en una gran medida de las libertades sociales en
parte determinadas por la primera superpotencia. Son las libertades tradicionales—la libertad de
la prensa, de reunión, de expresión—las que han facilitado que la segunda
superpotencia se arraigue y crezca. A decir verdad, el Internet en sí mismo fue
construido por el gobierno norteamericano, y el gobierno teóricamente podría
pretender restringir sus libertades. Así que necesitamos prestar mucha atención
a la libertad en la sociedad, y especialmente a la libertad del Internet.
Hay muchas acciones orientadas a censurar la red, a
clausurar el acceso, y a restringir la intimidad y libertar de reunión en el ciberespacio. Mientras por lo general asociamos la censura de
la red a países como China o Arabia Saudita, se está explorando un control más
restringido de la web en los Estados Unidos y Europa. Los oficiales de la
primera superpotencia promueven estas ideas bajo el argumento de prevenir el
terrorismo, pero ellos también previenen la comunicación abierta de igual a
igual que está en el corazón de la segunda superpotencia. Necesitamos insistir
en una red abierta, un ciberespacio abierto, alrededor del globo, porque ese es
el medio esencial en que vive la segunda superpotencia.
Tercero, debemos considerar detenidamente
cómo dar un mejor soporte a las instituciones internacionales, para que ellos
formen colectivamente un espacio en el cual podamos ejercitar nuestro poder.
Quizás con demasiada frecuencia
atacamos instituciones como el Banco Mundial que puede, bajo las condiciones
correctas, llega a ser un verdadero socio nuestro en tratar con la primera
superpotencia. Las instituciones internacionales deben
llegar a ser profundamente más transparentes, accesibles al público, y menos
dóciles a intereses especiales, al mismo tiempo que se mantengan suficientemente
fuertes para proporcionar un contexto seguro en el que podamos expresar nuestras
opiniones.
Y finalmente, debemos trabajar en nosotros
mismos y en nuestra comunidad. Dialogaremos con nuestros vecinos, sabiendo que
la sabiduría colectiva de la segunda superpotencia está basada en la sabiduría
individual dentro de cada uno de nosotros. Debemos recordarnos que diariamente
hacemos elecciones personales acerca del mundo que creamos para nosotros mismos
y para nuestros descendientes. No tenemos que crear un mundo donde las
diferencias se resuelvan por la guerra. No es nuestro destino vivir en un mundo
de destrucción, tedio y tragedia. Crearemos un
mundo de paz.
[1] Tomado de: http://cyber.law.harvard.edu/people/jmoore/secondsuperpower.html Traducción de Rosa Mendoza (Escuela para
el Desarrollo, Perú). Los derechos de autor de este trabajo están bajo la
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[2] N de T: Se refiere al blogging, que es la emergencia de webs individuales que se renuevan muy frecuentemente y exponen el punto de vista de los autores a manera de diarios, en un entorno colectivo mayor.